Entre el verde, los juegos y el recuerdo de un momento clave de la historia argentina, esta plaza sigue siendo punto de reunión para vecinos y familias de la Comuna 11

Un homenaje que se volvió parte del barrio

En el corazón de Villa del Parque, la Plaza Éxodo Jujeño se levanta como un homenaje vivo a la gesta del pueblo jujeño, que en 1812 abandonó sus tierras y quemó sus cosechas para impedir el avance realista durante la Guerra de la Independencia. Ese sacrificio, liderado por Manuel Belgrano, quedó inmortalizado en el nombre y el espíritu de este espacio público.

Inaugurada a mediados del siglo XX, la plaza nació como un pulmón verde para una zona que por entonces crecía a paso firme. En aquel tiempo, las casas bajas, las veredas anchas y el ritmo tranquilo del barrio convivían con la llegada de nuevos vecinos atraídos por la cercanía del ferrocarril y la oferta comercial en expansión.

Con el correr de los años, la plaza se convirtió en escenario de juegos, charlas y encuentros vecinales. Sus bancos de madera, el arbolado frondoso y los canteros floridos fueron testigos de generaciones de chicos que aprendieron a andar en bicicleta o a patear la pelota bajo la mirada atenta de madres, padres y abuelos.

Un espacio para todas las edades

Hoy, la Plaza Éxodo Jujeño conserva su espíritu barrial pero se adapta a las necesidades actuales. Cuenta con un área de juegos infantiles renovada, donde trepadores, hamacas y toboganes hacen las delicias de los más chicos, y un sector con mesas y bancos ideales para mates y charlas de tarde.

La plaza también ofrece un pequeño playón deportivo y amplios senderos internos para caminar o correr. Muchos vecinos la eligen como punto de entrenamiento, aprovechando la sombra de los árboles y la tranquilidad que todavía conserva el lugar, a pesar del crecimiento urbano alrededor.

En las tardes soleadas, los jubilados arman rondas de truco o dominó en las mesas cercanas a la entrada principal, mientras los chicos corren de un lado a otro y las mamás conversan sentadas en los bancos. Esa mezcla de edades y costumbres es parte de la magia de la plaza.

“Acá nos conocemos todos, y siempre hay alguien para charlar”

El valor simbólico y cultural

Más allá de su función recreativa, la Plaza Éxodo Jujeño mantiene viva la memoria de un hecho clave en la historia argentina. Cada 23 de agosto, asociaciones culturales y vecinos organizan actos y actividades para recordar el Éxodo Jujeño, con música folclórica, bailes tradicionales y discursos que evocan aquel momento de unidad y sacrificio.

Es habitual que delegaciones de la colectividad jujeña y del norte argentino se acerquen para sumar su voz y su arte. Las peñas y guitarreadas al aire libre transforman la plaza en un pedacito del norte, donde el bombo y la quena suenan tan fuerte como la memoria de los ancestros.

También han pasado por allí ferias de artesanos, muestras fotográficas y propuestas barriales que fortalecen el sentido de comunidad. La plaza no es solo un lugar para descansar: es un espacio vivo que refleja la identidad de su gente.

Un pulmón verde que resiste

En tiempos donde cada metro cuadrado de verde parece disputado, la Plaza Éxodo Jujeño se mantiene como refugio de naturaleza. Sus jacarandás, tipas y palos borrachos regalan sombra y color en primavera, mientras que sus canteros invitan a disfrutar de flores y mariposas en los días más cálidos.

Los vecinos valoran el esfuerzo de mantenimiento, aunque no faltan reclamos por más iluminación y seguridad nocturna. El cuidado del espacio es una tarea compartida: muchos frentistas se suman a limpiar, regar o plantar, sabiendo que la plaza es parte de su propia casa extendida.

Así, entre pasado y presente, la Plaza Éxodo Jujeño sigue latiendo como un corazón verde en medio del barrio. Un lugar que recuerda la fuerza de un pueblo y, al mismo tiempo, abraza la vida cotidiana de miles de porteños.

Por Pablo L.