Un barrio con memoria larga

En el corazón de Buenos Aires, hay edificios que no son solo ladrillos: son recuerdos. Y el viejo cine-teatro Taricco, en La Paternal, es uno de esos lugares que todavía laten aunque estén cerrados.

El barrio guarda una identidad muy marcada, mezcla de inmigración, club de barrio y veredas largas donde todos se conocen.

La Paternal forma parte de la Comuna 15 desde 2007, junto a Chacarita, Villa Crespo, Villa Ortúzar, Agronomía y Parque Chas, pero su personalidad es única.

En esas calles también está la casa de Argentinos Juniors, el primer club donde jugó Diego Armando Maradona, otro orgullo que el barrio lleva en la piel.

Pero si hay un símbolo cultural que despierta pasión, ese es el Taricco, un cine-teatro que funcionó entre 1920 y 1970 y que hoy permanece cerrado, esperando una segunda oportunidad.

El sueño de Luis Taricco y la huella italiana

La historia del Taricco está profundamente ligada a la inmigración italiana, que dejó una marca fuerte en esta zona de la ciudad.

Su fundador fue Luis Taricco, un heladero apasionado por el cine y el teatro que primero organizaba funciones en su propia casa, hasta que decidió ir por más.

En 1920 compró terrenos sobre la Avenida San Martín y Nicasio Oroño, y allí levantó un edificio que según informes oficiales todavía se encuentra en buen estado estructural.

Durante cinco décadas fue mucho más que un cine: era el punto de encuentro del barrio, con mil butacas y funciones desde el mediodía hasta la medianoche.

Entre película y película había números musicales en vivo, algo muy común en la época dorada del cine argentino.

Por su escenario pasaron figuras enormes como Carlos Gardel, además de Tita Merello, Luis Sandrini, Tito Lusiardo y las hermanas Legrand.

A la mañana, el teatro se prestaba a escuelas de la zona para actos y ceremonias, lo que demuestra que el Taricco era parte de la vida cotidiana de varias generaciones.

Del brillo al abandono

En 1970 dejó de ser cine y pasó a funcionar como supermercado, un cambio que marcó el fin de una etapa.

Desde 1990 permanece cerrado y abandonado, puesto en venta por sus propietarios, pero sin compradores concretos.

Vecinos como Norberto Zanzi sostienen que el edificio parece resistir como si estuviera protegido por un hechizo.

En 2004 la Legislatura lo declaró Lugar de interés cultural por su valor simbólico para La Paternal, y también se aprobó una ley de expropiación con fondos asignados.

Sin embargo, la ley caducó y los intentos posteriores no prosperaron, a pesar de haberse presentado siete proyectos distintos.

Para los vecinos, no se trata solo de recuperar una sala con mil asientos, sino de reconvertir el espacio en un centro cultural para jóvenes y formación en oficios.

Mientras otros símbolos del barrio desaparecieron, el Taricco sigue en pie como una promesa pendiente.

“Taricco es parte de nuestra vida”, repiten quienes crecieron escuchando historias del acomodador Luciano o de los chicos que repartían volantes para entrar gratis.

En una ciudad donde muchos edificios históricos se pierden sin que nadie los mire, el Taricco representa la lucha por no dejar que la memoria del barrio se apague.

 

Por Pablo L.