Alegra, el bistró de esquina que invita a comer, beber y compartir sin vueltas

Dos amigas, un proyecto y una filosofía clara

En la esquina de Fraga y Olleros hay un lugar que respira calma en medio del movimiento de Chacarita. Se llama Alegra y nació con una idea sencilla pero poderosa: crear buenos momentos alrededor de la mesa, sin complicaciones y con el foco puesto en el disfrute.

Detrás del proyecto están la sommelier Mariana Achával y la chef Lorena Papasergio, socias y amigas que se cruzaron gracias a la gastronomía. Primero compartieron un servicio de catering, luego cada una siguió su camino profesional, hasta que en 2018 decidieron volver a apostar juntas. Eligieron abrir un espacio estilo bistró con identidad propia, donde el vino y la cocina fueran protagonistas.

La premisa es clara: comer bien, beber mejor y compartir sin apuro. La carta tiene influencia mediterránea y local, con productos de estación y toques de autor que no buscan impresionar, sino abrazar. La calidad del insumo está siempre en el centro, algo que se nota desde el primer bocado.

Una esquina con historia y sentido de pertenencia

La fachada recuerda a una vieja casona, con ventanales amplios y una estética que mezcla detalles nórdicos con aire clásico. El salón, cálido y acogedor, recibe a unos 30 comensales entre mesas y sillas de madera. El ambiente invita a quedarse sin mirar el reloj, ideal para una charla larga con copa en mano.

Ese local tiene historia. Antes fue M Bistró, después Masamadre, más tarde Rita —donde Mariana fue socia— y finalmente se transformó en lo que hoy es Alegra. Mucho antes, a mediados del siglo XX, funcionó allí un almacén con carnicería, vinculada al padre del actor Carlitos Balá. Es una esquina que acumula décadas de vida gastronómica, y eso también le da carácter.

Para Lorena, el lugar también tiene algo especial: siempre lo transitó y desarrolló una conexión con esa esquina. Cuando surgió la posibilidad de instalarse ahí, no lo dudaron. El proyecto nació también desde un vínculo emocional con el barrio, no solo como una decisión comercial.

Platos abundantes y sabores que reconfortan

La carta es variada y pensada para distintos momentos del día. Hay tapas, ensaladas, sándwiches, pastas y platos más elaborados, además de postres clásicos con giro propio. La cocina combina raíces mediterráneas con identidad local, logrando un equilibrio que resulta familiar pero interesante.

Entre los recomendados aparece la tabla para picar, que reúne langostinos apanados, croquetas de distintos sabores, empanadas de kale y queso azul, falafel, pan a la chapa, encurtidos y salsas como hummus o alioli. Es una opción ideal para compartir y probar un poco de todo, perfecta para arrancar la noche.

En los principales sobresalen el ojo de bife con vermicelli de espinaca, los ravioles de cabutia asada con manteca de limón y polvo de cajú, la lasagna a la bolognesa y la milanesa napolitana con puré. Los platos son generosos y pensados para dejar satisfecho hasta al más exigente.

También hay opciones vegetarianas como el mil hojas de vegetales y propuestas más informales como el sándwich criollo en masa de chipá. Para el cierre dulce, no faltan la tarta de queso vasca, el crumble de peras especiadas o el clásico flan napolitano. El final dulce mantiene la misma línea de calidad y abundancia que el resto del menú.

Además ofrecen plato del día a precio accesible y una sección con huevos revueltos, tostados y frutas de estación, ideal para desayuno o brunch, aunque disponible todo el día. La propuesta es flexible y acompaña distintos ritmos, desde un almuerzo rápido hasta una cena sin apuro.

Un templo del vino a precio de vinoteca

El vino no es un complemento, es parte central de la experiencia. Mariana, también docente en CAVE y creadora de la marca Bienconvino, armó una selección de más de 250 etiquetas. Las botellas se ofrecen a precio de vinoteca, algo poco común en restaurantes.

Hay etiquetas de pequeños y grandes productores, opciones orgánicas y biodinámicas, y estilos para todos los gustos. Si se prefiere beber por copa, siempre hay seis alternativas que rotan semanalmente, desde espumosos frescos hasta tintos con cuerpo y vinos dulces de cosecha tardía. La asesoría personalizada marca la diferencia, ayudando a elegir sin intimidar.

“Comer, beber, compartir y vivir”.

En un barrio lleno de propuestas modernas y ruidosas, Alegra apuesta por otra cosa: cercanía, producto bien tratado y una relación precio-calidad que invita a volver. Es ese lugar al que uno regresa porque se siente cómodo, como en casa pero con copa servida.

 

Por Pablo L.