Casa Blaquier: qué revelan las excavaciones

Los trabajos en el inmueble de Defensa 163 ya permitieron reconocer cinco estructuras y recuperar más de 4.000 fragmentos. Los restos ayudan a reconstruir cómo se vivió y se resolvió el manejo del agua en este sector de Monserrat.

Objetos de la vida cotidiana

Entre los materiales hallados hay fragmentos de mayólica, porcelana, cerámica y vidrio, además de pipas de caolín, botones, cuentas y canicas. También aparecieron restos de aves y peces, que aportan indicios sobre la alimentación de quienes ocuparon el predio.

Las excavaciones, iniciadas en marzo en Defensa 163, identificaron cinco estructuras de distintas épocas: una letrina, un sumidero, pozos de descarte y una cisterna que todavía no pudo excavarse.

Las estructuras bajo el terreno

La letrina está construida con ladrillos unidos con barro y mide 1,82 metros de largo por un metro de ancho. La excavación llegó a seis metros de profundidad y los especialistas consideran que podría continuar; en los primeros dos metros recuperaron numerosos materiales.

También se encontró un sumidero abovedado que recibía agua de la cocina. La cisterna conserva agua y aún no fue explorada: entre el brocal y el nivel actual hay al menos cinco metros. El equipo de georradar ayuda a detectar estructuras subterráneas antes de abrir nuevos sectores.

El análisis de letrinas, sumideros y cisternas puede aportar información sobre cómo se abastecía y descartaba el agua antes de la llegada de la red corriente.

Monedas y una pieza de ajedrez

Entre los objetos singulares hay dos macuquinas, monedas coloniales acuñadas a golpes de martillo. Una es de un real y la otra continúa en proceso de identificación. El nivel donde apareció una de ellas permitiría relacionarla con el siglo XVIII y con la etapa en que Lucía de Herrera habitó la propiedad.

Otra pieza recuperada es un peón de ajedrez tallado en hueso, compuesto por dos partes encastrables. Se estima que podría ser del siglo XIX y su estilo se vincula con las piezas de Dieppe. La figura representa a un soldado y una hipótesis la relaciona con el Regimiento de Pardos y Morenos.

Un predio con distintas etapas

La historia del solar se remonta a 1580, cuando Juan de Garay lo adjudicó a Alonso Escobar. En el siglo XVIII estuvo vinculado con propiedades de la Compañía de Jesús y luego perteneció a Lucía de Herrera y Esteban Villanueva. Con el tiempo se construyó allí una de las primeras casas de dos plantas de la zona.

José Blaquier compró la propiedad en 1925 y la reorganizó como vivienda colectiva. La Municipalidad la adquirió en 1954; después tuvo distintos usos y atravesó décadas de ocupación irregular. Tras recuperar el inmueble en julio de 2025, la Ciudad inició tareas de limpieza, relevamiento y excavación. Los materiales se acondicionan para su conservación y pasarán al acervo arqueológico del Ministerio de Cultura porteño.

Por Pablo L.