En la avenida Córdoba 6056 funciona un teatro que desde hace casi un siglo fue escenario de espectáculos, encuentros de boxeo y presentaciones de Carlos Gardel. El Regio abrió sus puertas en 1929 y conserva detalles arquitectónicos que lo distinguen de otras salas porteñas, entre ellos un techo corredizo pensado para aliviar el calor del verano.
El nombre que eligieron los vecinos
La sala nació por iniciativa de un empresario adinerado que vivía en la zona. Para bautizarla se organizó un concurso abierto: fueron los vecinos quienes propusieron el nombre Regio. Con los cambios de dueños, la denominación oficial se modificó, pero el público siguió llamándola de la misma manera.
En 1991, al incorporarse al Complejo Teatral Enrique Santos Discépolo, recuperó su nombre original. Más adelante fue reformada y, desde el año 2000, integra el Complejo Teatral de Buenos Aires. El edificio cambió de nombre y de usos, pero mantuvo su lugar en la vida cultural de Chacarita.
Una arquitectura que también cuenta su historia
El edificio conserva una impronta barroca española. El techo móvil, una solución incorporada para hacer frente a las altas temperaturas estivales, es uno de los rasgos más reconocibles de la sala. La acústica, destacada en la descripción turística oficial, acompaña especialmente las presentaciones musicales.
En 2009 se renovó la cúpula con un mural titulado “La Bienvenida”. La obra de Ariel Mlynarzewicz está compuesta por ocho paneles con dibujos y colores que reciben al público al ingresar. La reforma se realizó como parte de una serie de cambios orientados a mejorar las instalaciones sin apartarse de la línea arquitectónica del teatro.
Teatro, títeres y espectáculos para distintas edades
La trayectoria del Regio también incluye actividades que hoy no son su principal referencia. Por la sala pasó Carlos Gardel y durante una etapa se realizaron allí encuentros de boxeo. En la actualidad, su propuesta contempla obras para adultos y funciones infantiles, con una cartelera que se renueva.
El edificio alberga además el Taller Escuela de Titiriteros, vinculado al artista Ariel Bufano. Esa actividad convive con la programación teatral y amplía el perfil de una sala que ofrece alternativas por fuera del circuito tradicional de la avenida Corrientes.





