La UBA debatió ambiente, ciencia y educación frente a una crisis que golpea en varios frentes

En la tercera Jornada Ambiental de la UBA, la decana de Agronomía, Adriana Rodríguez, remarcó el rol de la universidad pública, la investigación y la educación ambiental ante los desafíos socioambientales actuales.

Una jornada para pensar el ambiente desde la universidad

En un contexto donde los problemas ambientales atraviesan la vida cotidiana, la producción, la salud y el futuro de los territorios, la Universidad de Buenos Aires reunió a su comunidad para debatir los desafíos socioambientales actuales. La tercera Jornada Ambiental UBA 2026 puso sobre la mesa el papel de la ciencia, la educación y la universidad pública.

El encuentro se realizó el 5 de junio en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, en el marco del Día Mundial del Ambiente. Allí participaron docentes, investigadores, estudiantes, nodocentes y representantes de distintas unidades académicas, en una jornada pensada para compartir miradas, experiencias y preocupaciones.

La Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires también formó parte de la actividad. Su decana, Adriana Rodríguez, participó de la apertura en representación del Programa Interdisciplinario de Educación Ambiental de la UBA. Desde ese lugar, convocó a pensar colectivamente cómo construir sociedades más justas y sostenibles.

La jornada no se planteó como una reunión académica aislada, sino como un espacio para mirar de frente una crisis que se expresa de muchas maneras. Rodríguez habló de una crisis ambiental que aparece en múltiples formas y escalas. El debate apuntó a vincular conocimiento, compromiso social y respuestas concretas frente al deterioro ambiental.

El rol de la universidad pública

Durante su intervención, Rodríguez puso el foco en el lugar que ocupa la universidad pública en este escenario. Para la decana, no se trata únicamente de formar profesionales. La universidad pública también produce conocimiento, construye pensamiento crítico y forma ciudadanía comprometida con los desafíos de su tiempo.

Esa mirada atravesó buena parte de su discurso. En un momento de incertidumbre política e institucional, sostuvo que las universidades cumplen una función esencial. La Universidad fue definida como un refugio donde las ideas permanecen, se estudian y se profundizan, incluso cuando cambian las orientaciones de los gobiernos.

«La universidad pública tiene una responsabilidad indelegable. No es solamente un espacio de formación profesional: es también un ámbito donde se produce conocimiento, se construye pensamiento crítico y se forman ciudadanas y ciudadanos comprometidos con los desafíos de su tiempo»

La frase marcó el eje político y educativo de la apertura. Rodríguez vinculó la defensa de la universidad con la continuidad del pensamiento crítico. En ese sentido, planteó que defender la universidad pública también significa apostar por ideas capaces de sostenerse y crecer en contextos difíciles.

La decana también advirtió que los desafíos ambientales no pueden resolverse desde respuestas individuales o aisladas. Para ella, hace falta más conocimiento, más participación, más ciencia y más universidad pública. El mensaje apuntó a fortalecer una salida colectiva frente a una crisis que no admite indiferencia.

Preocupación por los retrocesos ambientales y científicos

Otro tramo fuerte de la exposición estuvo vinculado con los retrocesos que, según Rodríguez, atraviesan las políticas ambientales y el sistema científico nacional. En su diagnóstico, hay procesos que ponen en tensión conquistas alcanzadas en materia ambiental y científica.

La decana mencionó el cuestionamiento de consensos científicos, la proliferación de discursos negacionistas frente al cambio climático y las iniciativas que buscan debilitar herramientas de protección de los bienes comunes. Su advertencia apuntó a defender el conocimiento científico como base para cuidar los territorios.

También expresó preocupación por el impacto de los recortes presupuestarios sobre instituciones científicas y tecnológicas del país. En ese punto, nombró organismos como el CONICET, el INTA, el INTI y el Servicio Meteorológico Nacional. El debilitamiento de esas instituciones afecta la capacidad colectiva de comprender, planificar y proteger los territorios.

La preocupación no quedó planteada como un tema interno del sistema científico. Rodríguez lo vinculó directamente con la vida social y ambiental del país. Sin organismos fuertes, se reduce la posibilidad de generar información, anticipar problemas y tomar decisiones responsables frente a los cambios ambientales.

«Observamos con preocupación procesos de retroceso que ponen en tensión muchas de las conquistas alcanzadas, como el cuestionamiento de consensos científicos, la proliferación de discursos negacionistas frente al cambio climático y las iniciativas que buscan debilitar herramientas fundamentales para la protección de nuestros bienes comunes»

La cita dejó en claro el tono de la intervención. No fue solo una defensa de la universidad, sino también una señal de alerta frente al avance de discursos que desconocen la gravedad de la crisis ambiental. Rodríguez remarcó que la ciencia y las instituciones públicas son herramientas centrales para enfrentar los problemas socioambientales.

Educación ambiental para construir ciudadanía

La educación ambiental fue otro de los ejes centrales de la jornada. Para Rodríguez, construir un mundo ambientalmente más sostenible requiere una ciudadanía ambiental a la altura de los desafíos. La educación ambiental fue presentada como una herramienta clave para promover una relación más consciente y responsable con el entorno.

La decana sostuvo que la crisis ambiental no es solamente un problema técnico o científico. También la definió como una cuestión cultural. Esa mirada pone el foco en las formas de vivir, producir, consumir y decidir que influyen sobre el ambiente.

Desde esa perspectiva, construir ciudadanía ambiental implica comprender cómo las decisiones cotidianas se vinculan con el entorno. No se trata solo de estudiar conceptos, sino de revisar prácticas y prioridades. Rodríguez llamó a volver a colocar el cuidado de la vida entre las prioridades colectivas.

Ese punto le dio a la jornada un sentido más amplio. La educación ambiental no apareció como un tema reservado a especialistas, sino como una necesidad social. Formar ciudadanía ambiental significa preparar a más personas para participar, preguntar, involucrarse y actuar frente a los problemas del ambiente.

«La crisis ambiental no es solamente un problema técnico o científico: es también una cuestión cultural»

La frase resume uno de los mensajes más fuertes de la apertura. Si la crisis también es cultural, las respuestas deben incluir educación, conciencia y participación. La transformación ambiental necesita conocimiento, pero también cambios en la manera en que la sociedad se relaciona con la naturaleza.

Jóvenes, compromiso y participación

Rodríguez también destacó la presencia de jóvenes en la jornada y valoró su compromiso con las problemáticas socioambientales. Para la decana, la participación juvenil demuestra que existe una generación dispuesta a involucrarse y construir alternativas.

Ese dato fue leído como una señal positiva dentro de un escenario complejo. Frente a retrocesos, recortes y discursos negacionistas, la presencia de estudiantes y jóvenes investigadores muestra otra energía. La jornada permitió visibilizar una comunidad universitaria que quiere hacerse preguntas y participar de las respuestas.

La participación de las nuevas generaciones también fortalece el sentido de la educación ambiental. No alcanza con transmitir información: hace falta abrir espacios donde las juventudes puedan debatir, producir conocimiento y proponer caminos. El compromiso joven fue presentado como una pieza clave para pensar el futuro ambiental.

«La enorme participación de las y los jóvenes en estos espacios demuestra que existe una generación dispuesta a involucrarse, a hacerse preguntas y a construir alternativas»

La presencia juvenil le dio a la jornada una mirada hacia adelante. En vez de quedarse solo en el diagnóstico, el encuentro también buscó fortalecer vínculos y acciones. La UBA destacó el valor de reunir investigación, educación y compromiso social en un mismo espacio.

Charlas, pósteres, stands y recorridas

La tercera Jornada Ambiental UBA 2026 incluyó distintas propuestas a lo largo del encuentro. Hubo charlas, presentación de pósteres, stands institucionales y visitas guiadas a la Reserva Ecológica de Ciudad Universitaria. La actividad combinó debate académico, intercambio de experiencias y contacto con espacios ambientales concretos.

Desde la organización destacaron que el objetivo fue visibilizar los aportes que la Universidad de Buenos Aires realiza en materia ambiental. También se buscó fortalecer los vínculos entre áreas de investigación, espacios educativos y compromiso social. La jornada funcionó como una vidriera del trabajo ambiental que se desarrolla dentro de la UBA.

La participación de distintas unidades académicas permitió ampliar la mirada. Los problemas ambientales no pertenecen a una sola disciplina ni se resuelven desde un único lugar. El encuentro mostró la importancia de trabajar de manera interdisciplinaria frente a desafíos complejos.

En ese sentido, la presencia del Programa Interdisciplinario de Educación Ambiental de la UBA tuvo un valor central. La apertura de Rodríguez apuntó justamente a esa idea: construir respuestas colectivas y sostenibles. La crisis ambiental exige diálogo entre saberes, instituciones y comunidades.

Más ciencia, más participación y más universidad pública

El cierre de la intervención volvió sobre una idea que atravesó toda la jornada: los desafíos ambientales no se resuelven desde la indiferencia. Para Rodríguez, la respuesta debe construirse con más conocimiento, más participación, más ciencia y más universidad pública.

La frase final dejó una síntesis clara del encuentro. En tiempos de crisis ambiental, la universidad pública aparece como un actor necesario para estudiar, explicar, formar y acompañar procesos sociales. La UBA reafirmó su papel en la producción de conocimiento y en la formación de ciudadanía ambiental.

La tercera Jornada Ambiental UBA 2026 dejó una señal fuerte: la discusión ambiental necesita aulas, laboratorios, territorio y participación. La ciencia y la educación ambiental fueron presentadas como herramientas indispensables para enfrentar los desafíos socioambientales actuales.

Con la participación de docentes, investigadores, estudiantes, nodocentes y representantes de distintas unidades académicas, el encuentro volvió a colocar el ambiente en el centro de la agenda universitaria. La universidad pública asumió el desafío de pensar sociedades más justas, sostenibles y comprometidas con el cuidado de la vida.

 

Por Pablo L.