Una marea humana copó la Ciudad para ver a Colapinto y vivir la Fórmula 1 de cerca

Más de 600 mil personas salieron a la calle y convirtieron Buenos Aires en un circuito único que hizo vibrar a todo el público

Desde temprano, el barrio ya era una fiesta

Desde la mañana, la zona ya estaba colmada. Llegaban grupos de amigos, familias completas y sobre todo muchos jóvenes con una misma idea: ver a Franco Colapinto de cerca.

Se veían carteles con su nombre, camisetas y banderas con los colores de Alpine, en medio de un clima que no se vive todos los días en la Ciudad.

Los balcones también jugaron su parte. Llenos de gente, parecían pequeñas tribunas improvisadas, con banderas colgadas y gritos que bajaban directo a la calle.

La postal recordaba a otras ciudades del mundo. Todo apretado, todo cerca, con ese murmullo constante que anticipa que algo grande está por pasar.

El ruido que marcó un regreso esperado

Cuando el motor V8 arrancó, no hizo falta verlo para saber que estaba ahí. El sonido se expandió varios kilómetros y dejó a todos en silencio por un instante.

Ese momento marcó algo más que una exhibición: fue el regreso de la Fórmula 1 al país después de 14 años sin presencia.

El circuito callejero tenía tres kilómetros y giraba alrededor del Monumento a los Españoles, donde se concentró gran parte del público.

En la primera vuelta del mediodía, Colapinto ya había quedado en la historia. Fue el primer argentino en manejar un auto de F1 por el asfalto porteño.

La segunda pasada que hizo explotar todo

Si la primera vuelta fue impactante, la segunda directamente desató la locura. La gente gritaba, saltaba y seguía cada movimiento.

Franco volvió a pista, pero esta vez arriba de una réplica del Mercedes-Benz W196, el histórico Flecha de Plata.

Ese auto tiene peso propio. Fue con el que Juan Manuel Fangio ganó los campeonatos del 54 y 55, y verlo rodar otra vez generó una emoción especial.

Cada pasada era acompañada por una reacción inmediata. No había un solo sector que no estuviera atento a lo que pasaba.

Escenarios, música y un clima que no se frenó nunca

Durante toda la jornada hubo movimiento constante. Pantallas gigantes y escenarios permitían seguir todo desde distintos puntos del circuito.

Se presentaron artistas como Soledad Pastorutti, DJ’s y también la Orquesta Sinfónica de la Ciudad, sumando otro ritmo a lo que pasaba en la calle.

Uno de los momentos más fuertes fue cuando Patricio Sardelli tocó el Himno con guitarra eléctrica, justo antes de que Franco saliera a pista.

En ese instante, tres aviones de la Fuerza Aérea cruzaron el cielo dejando una estela celeste y blanca que hizo mirar a todos hacia arriba.

El cierre, cara a cara con la gente

La última salida fue distinta. Ya no hubo auto de carrera. Franco se subió a la caja de un camión y recorrió el circuito saludando.

Ahí se dio el momento más cercano. Sin casco, sin velocidad, solo el piloto y la gente que lo acompañó durante toda la jornada.

Fue una escena simple pero fuerte, de esas que quedan en la memoria más que cualquier vuelta rápida.

“La pasé espectacular y le demostramos a la gente de la Fórmula 1 que nos merecemos una fecha en la Argentina”

Lo que pasó no fue solo un show. Fue una demostración clara de que hay una pasión intacta que sigue esperando el regreso de la Fórmula 1 al país.

 

Por Pablo L.