El legendario velero escuela de la Marina Italiana recaló en la Dársena Norte el lunes 18 de marzo y fue recibido como una verdadera postal viviente

Una llegada que quedó en la memoria del puerto

El lunes 18 de marzo, la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires se vistió de gala para recibir al Amerigo Vespucci, el emblemático velero escuela de la Marina Italiana. Con más de 90 años de historia y una fama que recorre el mundo, su arribo a la Ciudad después de siete décadas se vivió como un acontecimiento único. Miles de vecinos, familias y turistas se acercaron desde temprano para ser parte de este momento.

El recibimiento oficial incluyó una ceremonia conjunta entre las marinas de Argentina e Italia, con banda naval y honores protocolares. Las velas desplegadas, el mástil de 60 metros y la imponente estructura de madera generaron asombro y emoción entre los presentes.

“Ver esa mole de madera me hizo sentir grande al lado del mar”, expresó Mariana, vecina de La Boca, mientras observaba la llegada del buque.

El Amerigo Vespucci se convirtió así en protagonista de una jornada que unió historia, tradición naval y emoción barrial en pleno puerto porteño.

Un gigante del mar y de la historia

Construido en 1931, el Amerigo Vespucci no solo es un barco, sino un símbolo flotante de la tradición naval italiana. Diseñado para la formación de cadetes, su misión desde entonces ha sido recorrer los mares del mundo como escuela y embajada cultural.

Su estructura, con velas de lino, maderas nobles y detalles clásicos, lo convierten en una joya viva de la navegación a vela. Cada puerto que visita lo recibe como un emblema de la historia marítima y Buenos Aires no fue la excepción.

Las redes sociales explotaron: más de 20.000 compartidos y cientos de fotos circularon durante la jornada, demostrando el magnetismo que genera este velero centenario.

Una experiencia abierta al público

Durante su estadía en la Ciudad, que se extendió hasta el jueves 21 de marzo, el Amerigo Vespucci abrió sus puertas al público con visitas guiadas gratuitas, recorridos por la nave y actividades culturales.

Los visitantes pudieron conocer las entrañas del buque, conversar con oficiales y cadetes y participar de charlas sobre navegación, historia naval y canto marinero. También se organizaron talleres infantiles y muestras de modelismo naval a cargo de instituciones locales.

La respuesta fue masiva: largas filas, familias enteras y grupos escolares se acercaron a vivir la experiencia de estar a bordo de uno de los barcos más icónicos del mundo.

Un impulso para el turismo y la cultura porteña

Más allá de la visita protocolar, la llegada del Amerigo Vespucci reforzó el perfil turístico y cultural del Puerto de Buenos Aires. Desde la organización destacaron el impacto positivo de este tipo de eventos para la proyección internacional de la Ciudad y la promoción de su patrimonio histórico.

Las actividades complementarias, como las conferencias históricas y las exposiciones de modelismo naval, también sirvieron para acercar la historia marítima a nuevos públicos y consolidar al puerto como un espacio abierto a la comunidad.

El legado de un velero que sigue haciendo historia

El paso del Amerigo Vespucci por Buenos Aires dejó algo más que fotos y anécdotas: renovó el vínculo entre la Ciudad y su historia portuaria, demostró el valor de los espacios públicos y reafirmó la importancia de la tradición naval como parte del patrimonio cultural.

Su silueta sobre el Río de la Plata quedará en la memoria de quienes pudieron verlo de cerca, recordando que la historia también navega y se comparte en comunidad.

Por Pablo L.