La Ciudad impulsa un compromiso voluntario entre familias para retrasar la entrega del smartphone hasta la secundaria

Escuelas sin celulares durante la clase

En los jardines, primarias y secundarias de la Ciudad ya rige una regla clara: durante el horario de clase no se permite el uso de celulares inteligentes ni otros dispositivos personales. Las aulas permanecen libres de teléfonos, salvo situaciones puntuales vinculadas a accesibilidad que realmente lo necesiten.

La medida apunta a que el espacio escolar vuelva a concentrarse en el aprendizaje, sin distracciones constantes de notificaciones, redes o mensajes. La regulación busca proteger el tiempo pedagógico, entendiendo que la atención es un recurso cada vez más frágil.

En ese mismo marco, el Ministerio de Educación lanzó la iniciativa “Compromiso familiar por estudiantes sin celular”. La propuesta no impone, sino que invita a las familias a acordar entre sí. La idea es postergar la entrega del primer celular inteligente hasta, al menos, el comienzo de la escuela secundaria.

Datos que encendieron la alarma

Los números que relevó la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa muestran una realidad que preocupa. Cuatro de cada diez estudiantes dicen sentir ansiedad o angustia vinculada al uso excesivo del celular y las redes sociales. El impacto emocional del uso desmedido ya es visible en la vida cotidiana de chicos y chicas.

A eso se suma otro dato fuerte: cinco de cada diez estudiantes reconocen que quieren dejar de usar el celular, pero no pueden. La dificultad para regular el uso es cada vez más frecuente, incluso cuando existe conciencia del problema.

Esta situación no solo afecta el estado de ánimo, también repercute en el descanso y en la calidad del sueño. Cuando el descanso se altera, los aprendizajes también se resienten. El bienestar digital está directamente relacionado con el rendimiento escolar, y por eso se puso el foco en este tema.

Un acuerdo voluntario entre familias

El compromiso propone dos ejes centrales: retrasar la entrega del primer celular inteligente hasta el inicio de la secundaria y establecer una edad mínima para el uso de redes sociales. Se trata de construir acuerdos colectivos y no decisiones aisladas, para que ninguna familia sienta que “su hijo es el único sin celular”.

La adhesión no es obligatoria. Es una decisión voluntaria que busca generar consenso dentro de cada comunidad educativa. El objetivo es acompañar, no sancionar, promoviendo un diálogo sincero sobre hábitos digitales.

Las familias pueden firmar el compromiso de dos maneras: en formato papel dentro de la escuela o de forma virtual a través de la plataforma Escuela en Familia. El proceso de adhesión es simple y accesible, pensado para facilitar la participación.

Las instituciones que reúnan compromisos firmados contarán con acompañamiento del equipo de Escuela en Familia, que ofrecerá talleres presenciales y virtuales. El seguimiento busca sostener el acuerdo en el tiempo, brindando herramientas concretas para implementarlo.

Más conversación y menos pantalla

La propuesta no demoniza la tecnología, pero sí plantea la necesidad de ordenar tiempos y edades. En una etapa donde el desarrollo emocional y social es clave, el acceso temprano a redes puede traer desafíos difíciles de gestionar. Postergar no es prohibir, es cuidar procesos, respetando etapas de crecimiento.

“Cuidar el bienestar digital también es una forma de acompañar el aprendizaje y la salud emocional”.

El debate sobre el uso del celular en la infancia ya está instalado en muchas casas. Esta iniciativa busca que la conversación no quede solo en lo individual, sino que se transforme en un acuerdo compartido. El desafío es construir una cultura digital más saludable, donde la tecnología sea herramienta y no dependencia.

 

Por Pablo L.