Corrientes tardó más de un siglo en ser avenida

El próximo 12 de octubre se cumplirán 90 años desde que Corrientes recibió oficialmente el estatus de avenida. La transformación había sido propuesta mucho antes; con el tiempo, la calle pasó de tener un papel secundario a convertirse en uno de los principales paseos culturales y nocturnos de Buenos Aires.

Los proyectos se adelantaron a la obra

En 1910, el intendente Joaquín de Anchorena firmó la ordenanza que dispuso el ensanche. La avenida, sin embargo, recién se concretó en octubre de 1936. Para entonces, el Obelisco —inaugurado unos meses antes— ya formaba parte del paisaje sobre su recorrido. La decisión administrativa y el cambio urbano llegaron en momentos distintos.

La idea tampoco era nueva: en 1822, Bernardino Rivadavia había dispuesto que Corrientes se transformara en avenida, pero el proyecto no avanzó. Décadas después, desde 1857, familias de la alta sociedad comenzaron a instalarse en algunos de sus tramos céntricos. La periodista e investigadora urbana Mariela Blanco reconstruye esas etapas en su libro *Tan Buenos Aires. Geografía emocional de la Ciudad*.

Antes de esos cambios, Corrientes era una calle de tierra con ranchos, viviendas de adobe, pulperías y almacenes. Mientras otras partes de la Ciudad sumaban alumbrado y nuevas avenidas, esta arteria permanecía relegada. Según Blanco, la inmigración le dio más movimiento y modificó el carácter de una zona que durante mucho tiempo había quedado al margen del crecimiento porteño.

La vida nocturna le dio otra identidad

En las décadas de 1960 y 1970, las librerías que permanecían abiertas hasta tarde y los cafés frecuentados por escritores, estudiantes y actores convivieron con la actividad de los teatros. Esa combinación consolidó a Corrientes como un punto de encuentro cultural después del anochecer. El periodista y escritor Roberto Gil la describió entonces por su actividad constante, que se extendía hasta la madrugada.

Blanco considera que la peatonalización reciente revitalizó el paseo nocturno. En su mirada, caminar por la avenida permite combinar una salida al teatro con una visita a las librerías o una comida, además de encontrarse con otras personas. Ese uso recreativo convive con la historia comercial y cultural que se fue formando a lo largo del tiempo.

Aunque desde 1936 es oficialmente una avenida, para los porteños siguió siendo la calle Corrientes. El aniversario recuerda el cambio de categoría y el ensanche, pero también una transformación más extensa: la de una vía que durante siglos tuvo un desarrollo postergado y terminó asociada a los teatros, los libros y la noche de Buenos Aires.

Por Pablo L.