Figuritas del Mundial: plazas, esquinas y comercios vuelven a llenarse de intercambio

Con la cuenta regresiva para la Copa del Mundo, los parques y puntos de encuentro de Buenos Aires se transforman en lugares de reunión para completar las 112 páginas y los 980 espacios del álbum.

El ritual que vuelve con cada Mundial

Domingo por la tarde. El Parque Centenario es una marea de gente. Entre pilones de figuritas, voces que se cruzan y manos que revisan números, vuelve una escena que se repite cada cuatro años: chicos, chicas, padres y abuelos se reúnen para cambiar las repetidas y acercarse al objetivo de completar el álbum.

En medio de ese movimiento está Mateo, de 12 años, que vive en Villa Urquiza y busca una de las pocas figuritas que todavía le faltan. El pilón queda congelado en el colombiano Luis Díaz, justo cuando él grita: “Late, late, late, late… Nola!”.

La postal tiene algo de juego, algo de ansiedad y mucho de barrio. Nadie parece mirar el reloj. En las rondas, lo importante es revisar, negociar, separar las que sobran y encontrar esa que falta. En esos minutos, completar el álbum parece más urgente que cualquier otra cosa.

Con la cuenta regresiva en marcha para que arranque la Copa del Mundo, completar las 112 páginas y las 980 figuritas de la edición 2026 pasó a ser una carrera contra reloj. La Ciudad entró en modo Mundial, y los puntos de intercambio se volvieron el termómetro más fiel de esa fiebre.

“Late, late, late, late… Nola!”, grita Mateo, de 12 años, mientras busca completar el álbum del Mundial.

Plazas que se convierten en templos de figuritas

El álbum se metió en todas partes: en el colectivo, en la escuela y en la oficina. El fenómeno no respeta edades ni contextos. Chicos de cuatro años y veteranos de setenta comparten la misma pasión, la misma urgencia y la misma pregunta repetida: cuáles faltan y cuáles están para cambiar.

Aunque existen aplicaciones digitales para saber cuáles son los números que faltan, el ritual de intercambio sigue siendo profundamente analógico. Hay listas, pilones, gomitas, bolsitas, voces que cantan números y manos que pasan figuritas como si cada una pudiera destrabar el álbum entero.

Como todo ritual, el de las “fichus del Mundial” también tiene sus templos. Los parques Rivadavia y Centenario, ambos en Caballito, aparecen entre los más concurridos. Allí se forman rondas, se arman pequeños grupos y el intercambio avanza sin necesidad de grandes explicaciones.

Pero no son los únicos escenarios. También hay movimiento en el Parque Lezama, con su clientela fiel del sur de la ciudad; en el Parque Saavedra, en Las Heras y en el Parque Avellaneda. Cada barrio tiene su punto de encuentro y su propia manera de vivir la búsqueda.

La dinámica se repite con una simpleza que explica parte del encanto. Nadie convoca, nadie organiza. La gente aparece, se forman rondas, se negocia y se cambia. En poco tiempo, una plaza de siempre se transforma en un mercado espontáneo de figuritas, ansiedad mundialista y conversaciones entre desconocidos.

Esquinas y galerías que arman su propio mapa

Además de los parques, hay esquinas que se volvieron puntos fijos sin que nadie lo haya decidido. Una de ellas es Monroe y Ciudad de la Paz, en Belgrano, donde se reúne gente todos los fines de semana para cambiar repetidas y buscar las que faltan.

Esa esquina también guarda una historia dentro del propio ritual. Santiago tenía cuatro años la primera vez que fue con su mamá. Volvió en 2018, volvió en 2022 y ahora regresa con 16 años y varios álbumes encima.

La escena muestra cómo el álbum atraviesa generaciones. Lo que para algunos empieza como una salida con la familia termina convirtiéndose en una costumbre que vuelve cada Mundial. Cambian los jugadores, cambian las figuritas, pero la ronda y la búsqueda siguen teniendo la misma lógica.

Otros rincones de reunión aparecen en las galerías de avenidas clásicas como Cabildo, Santa Fe y Triunvirato. Son lugares largos, techados y con tráfico constante, ideales para que el movimiento de gente sostenga el intercambio incluso cuando no hay una convocatoria formal.

En esas galerías, como en las plazas, el álbum funciona como una excusa para frenar. Alguien saca un pilón, otro pregunta por un número, otro muestra las repetidas y de pronto se arma una pequeña ronda. El Mundial todavía no empezó, pero el clima ya se siente en la vereda.

Comercios de barrio que se suman a la fiebre

La fiebre mundialista también llegó a los comercios de barrio. Algunos locales se subieron a la ola con creatividad y aprovecharon el entusiasmo por el álbum para acercarse a ese movimiento que ya se ve en plazas, parques, esquinas y galerías.

En Caballito, una pizzería regala un sobre de figuritas con la compra de ocho porciones de pizza o seis empanadas. La promoción une dos escenas bien de barrio: la comida al paso y la búsqueda de esa figurita que puede completar una página.

En Once, un cotillón pegó en la vidriera un cartel anunciando la organización de una juntada los sábados por la tarde. El gesto resume el momento: nadie se quiere quedar afuera. Cada local, cada esquina y cada plaza parece encontrar una forma de sumarse.

Lo que empezó como un intercambio espontáneo termina armando una red de encuentros. Hay quienes van con sus hijos, quienes vuelven con amigos, quienes frenan de pasada y quienes llevan el álbum bajo el brazo como si fuera una credencial para entrar en la conversación.

El ritual tiene una fuerza sencilla: juntar gente alrededor de un objetivo común. Completar los 980 espacios del álbum puede parecer una misión individual, pero en la práctica se vuelve colectiva. Para llegar a esa figurita que falta, casi siempre hace falta otro.

Un espacio para cambiar figus en el Buenos Aires Fan Fest

El intercambio también tendrá su lugar en el Buenos Aires Fan Fest de Palermo. Allí habrá un espacio pensado para revivir una de las tradiciones más queridas de cada Mundial: encontrarse con otros hinchas, abrir el álbum y cambiar figuritas.

Del 11 de junio al 19 de julio, la Plaza Seeber será un punto de encuentro para completar el álbum, compartir la pasión y conectarse con otros hinchas. La propuesta combina nostalgia, juego y espíritu mundialista en un clima festivo.

La invitación aparece clara: “Vení a cambiar tus figus al Buenos Aires Fan Fest”. En esa frase entra buena parte del espíritu de esta temporada mundialista, donde el álbum vuelve a mover familias, amistades, plazas, comercios y recorridos por la Ciudad.

Al final, las figuritas no son solo papel. Son charla, espera, caminata, ronda, pregunta y celebración anticipada. Cada cuatro años, Buenos Aires vuelve a reconocer ese ritual y lo hace a su manera: con parques llenos, esquinas activas y vecinos tratando de completar el álbum antes de que empiece la pelota.

 

Por Pablo L.