El templo de Gurruchaga al 165 guarda una historia que se cruza con los primeros años de Villa Crespo y con la literatura de Leopoldo Marechal. En Adán Buenosayres, la iglesia y el Cristo de las Manos Rotas forman parte de una escena ligada al barrio que el escritor conoció y retrató.
De San Crispín a San Bernardo
La construcción de la parroquia comenzó cuando Salvador Benedit, propietario de la Fábrica Nacional de Calzado, pidió terrenos para levantar una iglesia. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Nicolás Jacques y contó con la participación de trabajadores de la fábrica y una comisión de vecinos. La piedra fundamental se colocó el 19 de marzo de 1893.
La primera advocación propuesta fue San Crispín, patrono de los zapateros. Finalmente, el templo recibió el nombre de San Bernardo, en homenaje al padre de Benedit. El arzobispo Mariano Espinosa lo inauguró el 19 de agosto de 1896, cuando Villa Crespo comenzaba a consolidarse como barrio.
Un templo entre fábricas y conventillos
En las últimas décadas del siglo XIX, el área todavía tenía quintas, campos y terrenos baldíos. La instalación de la fábrica y la llegada de trabajadores impulsaron el crecimiento de la zona. La iglesia pasó a ocupar un lugar central en esa comunidad que se formaba alrededor de los establecimientos industriales y las viviendas obreras.
El interior conserva una nave central flanqueada por dos pasillos laterales. En el altar mayor se destaca un retablo de mármoles de distintos colores; los altares laterales reúnen imágenes religiosas como la Medalla Milagrosa, San José y el Sagrado Corazón. La parroquia fue una de las construcciones tempranas de Villa Crespo y sigue siendo un punto reconocible del barrio.
La imagen que quedó en la memoria
En el frente del templo hubo un Cristo de unos dos metros de altura. Con el paso del tiempo, el material se deterioró y la figura perdió las manos. Un intento de restauración realizado en 1926 no logró resolver el problema, y la imagen fue retirada hacia fines del siglo XX. En su lugar se encuentra hoy una representación del Sagrado Corazón, de un tono distinto al resto del frontis.
El Cristo quebrado, sin embargo, permaneció en el recuerdo de los vecinos y recibió el nombre de Cristo de las Manos Rotas. También pasó a formar parte del universo literario de Marechal: en Adán Buenosayres, la iglesia de San Bernardo aparece como escenario de una disputa entre ángeles y demonios por el alma del protagonista.
La novela también evoca el reloj de la torre y la calle Gurruchaga durante la madrugada. Así, el templo quedó asociado a una imagen literaria de Villa Crespo que se suma a su historia religiosa y barrial: una iglesia nacida junto con el barrio y convertida en parte de su paisaje cultural.





