En los barrios, en las calles y en las cooperativas, ellas empujan un sistema que mezcla trabajo, organización y compromiso social
En muchas ciudades del país, el reciclaje no funciona solo por máquinas o políticas públicas: hay una red de mujeres que todos los días hacen que todo esto siga en pie. Desde salir a recuperar materiales hasta organizar equipos o hablar con vecinos, su rol es clave y muchas veces pasa desapercibido.
Un informe elaborado por el equipo de FAUBA Verde se metió de lleno en esta realidad y mostró algo que en los barrios ya se sabe: las mujeres no solo participan, sino que son el motor de las cooperativas. Están en cada parte del proceso, desde lo más duro hasta lo más invisible.
Un trabajo que va mucho más allá de juntar cartón
Cuando se habla de reciclaje, muchos imaginan a alguien juntando materiales en la calle, pero el laburo es mucho más amplio: hay clasificación, organización, administración y hasta tareas de educación ambiental. Y en todas esas áreas, ellas están presentes.
Se calcula que cerca de la mitad de quienes integran las cooperativas son mujeres. Pero no es solo una cuestión de número: muchas ocupan roles estratégicos que hacen que todo funcione, desde coordinar equipos hasta sostener el vínculo con la comunidad.
En especial, hay un área donde su presencia es casi total: la promoción ambiental, ese trabajo de ir puerta a puerta explicando cómo separar residuos. Ahí son mayoría absoluta, poniendo el cuerpo para generar conciencia en cada cuadra.
De la crisis a la organización colectiva
Muchas de estas historias arrancaron en momentos difíciles del país. Después de la crisis del 2001, muchísimas mujeres salieron a cartonear para poder sostener a sus familias, y con el tiempo ese esfuerzo individual se convirtió en organización colectiva.
De esa necesidad nació algo mucho más grande: cooperativas, redes de trabajo y espacios de lucha. Lo que empezó como una salida urgente terminó siendo un movimiento social con identidad propia, donde ellas tuvieron un papel central.
“Siempre vivimos del descarte, pero no queremos ser descarte”
Hoy, muchas de esas mujeres no solo siguen trabajando en el reciclaje, sino que también llegaron a espacios de decisión. Algunas pasaron de juntar cartón a ocupar cargos en el Estado o en organizaciones importantes, llevando su experiencia de barrio a lugares donde se toman decisiones.
El peso invisible: trabajar, cuidar y sostener
Pero no todo es reconocimiento. Detrás de ese rol fundamental hay una realidad que pesa: muchas mujeres cargan con una triple jornada. Trabajan en la cooperativa, sostienen sus casas y además cumplen roles comunitarios.
Mientras hacen todo eso, también generan redes de apoyo entre compañeras. Se organizan para cuidar a los chicos, acompañarse y enfrentar situaciones difíciles, construyendo comunidad desde lo cotidiano.
Ese esfuerzo extra muchas veces no se ve, pero es lo que mantiene viva la estructura interna de las cooperativas. Sin ese tejido solidario, el sistema no podría sostenerse como lo hace hoy.
Historias que representan a muchas
Hay nombres propios que ayudan a entender todo esto. Mujeres que empezaron desde abajo y hoy son referentes. Trayectorias que muestran que el reciclaje también es una forma de construir futuro.
Algunas llegaron a ocupar cargos importantes, otras siguen en el día a día del barrio, pero todas comparten algo: haber transformado una situación difícil en una forma de organización y lucha.
También hay quienes lograron dar el salto a la política o la gestión pública. Desde esos lugares buscan mejorar las condiciones de todo el sector, llevando la voz de quienes muchas veces no son escuchadas.
Lo que falta para que sea más justo
A pesar de todo lo que ya se avanzó, todavía hay mucho por mejorar. Las desigualdades siguen estando y se sienten en el día a día, tanto en lo laboral como en lo social.
Por eso, distintos espacios vienen planteando la necesidad de políticas con mirada de género. No alcanza con reconocer el trabajo, hace falta acompañarlo con herramientas concretas.
El informe deja algo claro: no se puede pensar el reciclaje sin el rol de las mujeres. Son parte de la base que sostiene todo el sistema, desde lo productivo hasta lo humano.
Reconocer ese lugar no es solo dar visibilidad, también implica cambiar las condiciones. Porque si el sistema funciona gracias a ellas, lo mínimo es que lo haga en condiciones más justas.
Esta realidad fue reconstruida a partir de distintos relevamientos y trabajos del sector, como el informe difundido por FAUBA Verde, que pone en palabras algo que en los barrios se ve todos los días.
En definitiva, el reciclaje en Argentina no es solo una cuestión ambiental. también es una historia de organización, esfuerzo y protagonismo femenino que sigue creciendo desde abajo.





