La Ciudad refuerza la atención ante ACV y pone el foco en la prevención

El sistema público porteño organiza una red para responder con rapidez ante los accidentes cerebrovasculares isquémicos y recuerda cuáles son las señales de alerta que no deben pasarse por alto.

Una red para actuar sin demoras

En una emergencia neurológica, el tiempo no es un detalle: puede definir el recorrido de la atención. Por eso, la Ciudad organiza un Plan Integral de ACV que busca reducir los tiempos de respuesta ante los accidentes cerebrovasculares isquémicos dentro del subsistema público de salud.

El Accidente Cerebrovascular es una situación que puede afectar a cualquier persona y requiere intervención rápida. El plan reúne prevención, emergencias, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación para que cada instancia de atención esté conectada con la siguiente.

Desde julio de 2025, la estrategia funciona bajo un modelo de Red Única. La atención se articula de manera centralizada entre el SAME, los estudios por imágenes, las guardias especializadas y la rehabilitación posterior, con un protocolo asistencial común para los casos registrados en el territorio porteño.

El objetivo es ordenar el recorrido del paciente desde la primera señal de alarma hasta la atención especializada. La red busca que los casos de ACV isquémico reciban una respuesta rápida y coordinada, una condición central frente a una patología en la que el paso de los minutos puede tener consecuencias.

«Cada minuto cuenta»

En la Argentina, el ACV representa la tercera causa de muerte y la principal causa de discapacidad. Se trata de una patología tiempo-dependiente que necesita intervención médica inmediata, motivo por el cual el sistema público porteño trabaja con criterios de acción estandarizados.

Para sostener esa respuesta, la red cuenta con dos Unidades de Stroke de alta complejidad: los hospitales Ramos Mejía y Pirovano. También participan los hospitales Fernández, Santojanni, Argerich y Durand con equipos especializados de Stroke Team, que integran los efectores previstos dentro del esquema público.

Qué mirar y cuáles son los factores de riesgo

Un ACV ocurre cuando se interrumpe o reduce el suministro de sangre hacia una parte del cerebro. Como consecuencia, el tejido cerebral queda privado de oxígeno y nutrientes, una situación que explica la necesidad de reconocer los síntomas y activar el sistema de salud sin demoras.

El riesgo aumenta de manera progresiva con la edad, aunque no está limitado a una etapa de la vida. Los especialistas advierten que un ACV puede ocurrirle a cualquier persona, por lo que la prevención y los controles no deben quedar reservados únicamente para quienes son mayores.

Los factores de riesgo se dividen en dos grandes grupos. Por un lado están los no modificables, como la edad cronológica, el sexo al nacer y la carga genética o los antecedentes familiares. Son condiciones biológicas que no se pueden alterar, pero deben ser tenidas en cuenta en los controles clínicos.

Por otro lado aparecen los factores modificables, aquellos sobre los que se puede actuar para generar cambios saludables. La hipertensión arterial es el indicador con mayor prevalencia registrado en el programa; también se incluyen la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo, la dislipidemia y el sobrepeso.

El mensaje sanitario pone el foco en las acciones cotidianas y en el seguimiento médico. Conocer los factores de riesgo y realizar controles periódicos en los centros de salud cercanos forma parte de la estrategia para disminuir la incidencia de estos eventos y detectar situaciones que requieren atención.

Las señales que requieren contacto inmediato

Las señales de alerta que deben reconocerse incluyen pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, asimetría facial y dificultad súbita para hablar o ver. Ante cualquiera de esos signos, el contacto inmediato con el sistema de salud permite activar de forma temprana el circuito de emergencias.

La importancia de actuar rápido no reemplaza los controles previos, sino que los complementa. La prevención contempla tanto los hábitos que pueden modificarse como la consulta clínica periódica, especialmente frente a condiciones como hipertensión, diabetes, tabaquismo, sedentarismo, dislipidemia o sobrepeso.

La propuesta busca que cada parte del sistema intervenga de manera ordenada cuando aparece una emergencia. La Ciudad apunta a funcionar como un entorno neuroprotegido, con una red preparada para responder desde el primer aviso, mientras sostiene la concientización sobre los factores que pueden disminuir la incidencia del ACV.

 

Por Pablo L.